Ejercicio para amenazas no físicas

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Esta semana estoy terminando la lectura del libro “Ahora YO, ¿y si creas tu propio futuro en lugar de encontrártelo?” del Dr. Mario Alonso Puig. Al finalizar el libro me gustaría hacer una pequeña reseña de los muchos e interesantes contenidos que se nos presentan. Pero ahora mismo lo que me gustaría hacer es un pequeño resumen a modo de bloc de notas de un fragmento de su libro donde se nos explica qué hace que situaciones que no son de peligro físico activen nuestros mecanismos de defensa y cómo podemos cambiar nuestras reacciones ante estas circunstancias.

A menudo podríamos decir que vivimos en una constante tensión porqué de forma simultánea tenemos que proteger el cuerpo físico, mostrar la imagen quien se espera que seamos y esconder la imagen de lo que tememos ser. Como se puede imaginar este trabajo produce un importante desgaste y acaba repercutiendo en nuestra vitalidad y salud. A menudo se habla del miedo al cambio, hoy en día rara vez este miedo tiene que ver con la supervivencia física. Pero si que acostumbra a tener una fuerte relación con la imagen de nosotros que queremos proteger.

Así pues la estrategia que se nos propone en el libro sobre la sensación de amenaza que sentimos al proteger nuestra imagen. Cabe recordar que cuando se siente una amenaza física se activan unos mecanismos de ataque, huida y bloqueo. Estos mecanismos han sido muy útiles a lo largo de la evolución para protegernos de las amenazas físicas pero cuando entramos en estados de amenaza por temas no físicos estos mecanismos instintivos no nos sirven de nada, al contrario, nos perjudican.

Una estrategia para evitar estas reacciones es:

  1. Poner en marcha dos elementos. El elemento mental es la aceptación y el físico el control de la respiración. Al sentir miedo porqué creemos que nuestra imagen esta amenazada, el miedo a la crítica, desilusionar a otros, al que dirán, etc. En estas situaciones la aceptación consiste en hacer el ejercicio de observarnos desde fuera, proyectar nuestra imagen vista desde fuera para observar cuales son nuestras reacciones. Observando las reacciones del cuerpo, cambios en la respiración, aumento de la tensión. Se trata de establecer un distanciamiento entre las emociones que estamos experimentando y el hecho de ser también observadores de estas reacciones como si no fueran propias. A este proceso de observación se le llama meta-atención.
  2. Control de la respiración. Cuando el miedo se apodera de nosotros el primer elemento que cambia es la respiración. A menudo esta se acelera o por el contrario dejamos de respirar es la llamada taquipnea. Para lograr tomar el control podemos ir cogiendo aire de manera consciente y después ir soltándolo con una espiración más larga que la inspiración. Es importante sentir que el abdomen se hincha. Cuando vayamos notando que el control sobre la respiración aumenta podemos decir la palabra uno al inspirar y también al espirar. Llegados a este punto debemos imaginar que un aire de color azul entra por nuestra nariz, llena los pulmones y finalmente llega a los riñones.

Es interesante saber porqué este ejercicio funciona. La respiración controlada y acompasada manda un mensaje al cerebro de que todo va bien. Al decir la palabra uno al inspirar y espirar obliga al cerebro a concentrarse en la respiración dejando sin espacio a aquello que nos ocupa. El color azul es procesado por el hemisferio derecho del cerebro y este lo procesa como una señal de tranquilidad y armonía. No hay que olvidar que los miedos son en gran parte fruto de nuestro inconsciente y la forma más rápida de conectar con esta parte de nuestro ser es a través del hemisferio derecho.

En una segunda fase la pregunta que nos deberíamos hacer es: “¿qué me estoy haciendo para sentirme así?” la respuesta a esta pregunta debemos dejar que nos llegue desde el inconsciente. Debemos estar muy atentos y abiertos. Porqué en el inconsciente hay dos fuerzas una que nos anula y otra que nos ayuda. La que nos anula se ha ido alimentando de los pensamientos tóxicos que hemos recogido de nuestro entorno y de la cultura.

Para acabar estas notas quiero parafrasear el siguiente concepto: “Quien de verdad es compasivo entiende que todo el daño que nos causamos los hombres a nosotros mismos y a los demás no es por una maldad intrínseca, sino porque vivimos asustados, nos sentimos acorralados y eso nos torna intolerantes y agresivos.